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Uribe: de Tropiezo en Tropiezo

La aceptación por parte del Jefe del Estado colombiano, de la intermediación del mandatario venezolano Hugo Chávez en la solución del intercambio humanitario con la banda terrorista FARC, podría significar más que soluciones inmediatas y benéficas tanto al Estado como a los secuestrados y sus familias, problemas que se proyectarían a largo plazo para el Estado.

Más aún, como un antecedente del mismo tono del anterior, se produjo el error de juicio respecto a la hipotética vinculación del senador y precandidato presidencial Rafael Pardo con las FARC, hechos que indican que algo se perturbó en el hasta ahora eficiente y dinámico motor de trabajo del actual gobierno, pues si se comete un error tan grave como el de las acusaciones al senador, como decía, grave, pero es un error y todos los seres humanos somos susceptibles de caer, pero que en dos días cometa otro error mucho más grave, como es el de colocar en riesgo la imagen, gobernabilidad interna del país al reconocerle al presidente Chávez – mentor político y financiero de las FARC – calidad de interlocución entre el gobierno colombiano y el grupo terrorista, va mucho más allá de una simple equivocación y obliga a pensar que el presidente Uribe debe pensar en cambiar personas claves de sus asesores cercanos o tomar el tiempo necesario para analizar personalmente situaciones como las descritas.

La venia del presidente Uribe a su homólogo venezolano, implica nada menos que la concesión de la calidad de beligerancia de la organización narcoterrorista, objetivo largamente ansiado por ellos y a despecho de las sanas intenciones del Primer Mandatario para liberar a aquellos quienes viven el infierno de estar secuestrados por los grupos narcoterroristas, podría estar cometiendo un grave error político y estratégico al otorgarle semejante prebenda a las FARC por intermedio de su más fiel aliado en el mundo, como es el presidente Chávez.

Con esta autorización, Uribe le está reconociendo calidad de estado a las FARC y aunque el hecho podría ser objeto de muchas interpretaciones y análisis por parte de toda la gama de sabios que en materia jurídica tiene Colombia, la cuestión es más sencilla de lo que parece.

El mandatario colombiano, le solicita al mandatario venezolano intermediación con el grupo terrorista para negociar un intercambio humanitario, con lo que de hecho está aceptando, de acuerdo a las normas del Derecho Internacional, que un jefe de estado vecino negocie en nombre del estado colombiano la liberación a cambio de algunas prebendas que la organización armada impondrá como requisitos de obligatorio cumplimiento para aceptar tal intercambio. Es decir, les está concediendo calidad de un estado organizado, aunque sea una banda dedicada al terrorismo y narcotráfico, pero bendecida por la solicitud de Uribe a Venezuela.

El asunto puede que no presente mayor perfil en la actualidad, sin embargo en el corto plazo, podría implicar el reconocimiento del grupo narcoterrorista como una fuerza beligerante, organizada y con mandos unificados, en procura de liberar alguna zona colombiana, preferiblemente los departamentos selváticos y alejados, con abundancia de recursos naturales, especialmente petróleo, para luego pedir el reconocimiento de la zona como territorio liberado y dominado por sus cuadrillas y por último pedir a la comunidad internacional su reconocimiento con república independiente, jugada que tendría el apoyo inmediato, absoluto e incondicional de Venezuela, Cuba, Bolivia, Perú - recordemos Ollanta – Chile, Argentina, Uruguay y Ecuador, países que han recibido regalos de Chávez, así como la comunidad caribeña, también beneficiada por las dádivas del venezolano.

Esto, para no hablar de la posibilidad de apoyo de aquellos países en el resto del mundo que se han beneficiado por la generosidad venezolana y los demás que podrían soportar una amenaza de embargo petrolero ante su negativa de apoyar el requerimiento tanto de los terroristas como de sus áulicos ya mencionados.

Es factible que el presente análisis sea considerado exagerado y de pronto paranoico, sin embargo el hecho analizado puede darse con bastante facilidad y más ahora que el presidente Uribe les entregó a Chávez y las FARC, la oportunidad servida en bandeja de plata para que efectúen su jugada.

Un mandatario previsivo, puede tornarse paranoico cuando los intereses de su estado están en riesgo o cuando prevé la oportunidad de expandir su territorio, influencia o riquezas. La geopolítica es la capacidad de un estadista de prever la seguridad de su estado y protegerla de la paranoia de los vecinos.