



Los acontecimientos políticos que se están dando y la tendencia ideológica latinoamericana vigente, marcan este nuevo año como un momento clave para la definición de los rumbos a tomar a corto plazo en los diferentes países miembros de la región.
México, Nicaragua, Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y Brasil, eligen a su próximo mandatario durante el presente año, pues ya lo hicieron Honduras, Bolivia y Chile, entronizando mandatarios con una ideología de tendencia izquierdista y opuesta a los Estados Unidos, lo cual ha marcado una marcada inclinación del hemisferio hacia la autodeterminación política y económica de sus estados, en busca de un mejoramiento del nivel de vida de sus habitantes, a despecho de que sus políticas – dependiendo del radicalismo que muestren los gobernantes – entren en conflicto con las marcadas por los americanos para el resto del hemisferio, territorio considerado como su área de influencia.
Como ya se dijo, durante el presente año se celebrarán las elecciones presidenciales para el próximo quinquenio. Las encuestas muestran como favorito a Manuel López Obrador del PRD con un 34% de favorabilidad, Felipe Calderón Hinojosa del PAN con un 22% y Roberto Madrazo Pintado del PRI con un 18%.
Si nos atenemos a la opinión pública reflejada en las encuestas, el más seguro triunfador es López Obrador, político de izquierda, opuesto a las políticas estadounidenses en el hemisferio y de quien ya se dice públicamente tanto en México como en Venezuela que cuenta con el aval político y económico de Hugo Chávez. A diferencia de los países sudamericanos que han aceptado las ayudas económicas del régimen venezolano, a cambio de una observancia y apoyo fiel a las reyertas que plantea Chávez contra Estados Unidos, el estado mexicano tiene un nivel político y económico superior a todos sus iguales latinoamericanos y a pesar de que las intenciones políticas de López Obrador se dirijan a reforzar la oposición latinoamericana contra Estados Unidos, lo más probable es que la clase política mexicana – especialmente la oposición, ya que en dicho país existe y es bastante contestataria – le impida al Jefe del Estado retomar las prácticas políticas izquierdistas de la Guerra Fría, las cuales son las causantes reconocidas del subdesarrollo latinoamericano. Esto limitaría ostensiblemente al mandatario mexicano para cerrar filas con la Bolivia de Evo Morales y la Venezuela de Hugo Chávez, en contra de las políticas americanas y sus relaciones con el resto del continente. No sobra recordar que México es uno de los principales socios económicos de Estados Unidos, situación que lo privilegia por encima de los demás y condición que los mexicanos no están dispuestos a perder.
Durante las elecciones celebradas en Noviembre del 2005, resultó elegido el liberal – izquierdista Manuel Zelaya, en medios de protestas de los demás partidos políticos por un supuesto fraude orquestado desde la Corte Suprema de Justicia.
Honduras ha sido tradicionalmente un país pro americano, cultura bastante arraigada en todos los estamentos del Estado y por ende difícil de erradicar en un solo período. Más que su alineación política con otros regímenes anti norteamericanos ya nombrados, el nuevo mandatario hondureño debe dirigir sus energías personales y recursos nacionales, a erradicar o por lo menos a reducir los índices de violencia presentes en su territorio desde la caída del comunismo internacional, es decir, desde hace más de un decenio y que se ha convertido en el principal obstáculo para seguir el camino de desarrollo económico y por ende de avance social que están transitando vecinos como México y Costa Rica.
A pesar de los obvios respaldos políticos – y posiblemente económicos – recibidos de Chávez en su lucha por reinar geopolíticamente en Sudamérica, Honduras debe obligatoriamente seguir políticas consonantes con las de sus vecinos prósperos y que le permitan dejar atrás las primeras etapas del subdesarrollo que aún experimenta.
En Noviembre del presente año se celebrarán las elecciones presidenciales en este país centroamericano, las cuales están siendo precedidas por una campaña proselitista plagada de acusaciones de una y otra parte. Sin embargo, en las encuestas de favorabilidad electoral para los comicios, se perfila el izquierdista Daniel Ortega por el FLSN hasta el momento con un porcentaje del 34%, seguido por el liberal Eduardo Montealegre con un 29% del PLC.
A pesar del favoritismo del ex guerrillero marxista, durante la contienda política se han ventilado serias y aparentemente unas bien fundadas acusaciones de corrupción del FSLN tanto de la época en que gobernó al país en la persona de Daniel Ortega y luego, durante el gobierno del liberal Arnoldo Alemán, actualmente preso y en espera de una confirmación de la Corte Suprema de Justicia nicaragüense respecto a su sentencia a veinte años de cárcel por hechos de corrupción comprobados durante su gobierno. Cabe anotar que en la actualidad, tanto Ortega como Alemán, establecieron alianzas políticas con el fin de hacerse al poder, aprovechando la aparente fuerza de la izquierda en Latinoamérica.
De todas maneras la situación social y económica de dicho país, atraviesa una época de crisis a la que han contribuido los gobiernos que se dieron desde la derroca del dictador Anastasio Somoza, pues en cuanto a la parte política, al igual que en muchos países latinoamericanos, el electorado está hastiado de soportar diversos regímenes con nombres diferentes pero con las mismas prácticas corruptas de todos los demás.
No obstante la cercanía ideológica y política entre Ortega y Chávez – este último, autoproclamado como el tutor ideológico de la región y quien está metiendo baza con apoyos financieros en varios países entre los que se incluye lógicamente Nicaragua, con el objeto de lograr el triunfo de candidatos izquierdistas para establecer un bloque oposicionista contra Estados Unidos – la cual se basa estrictamente en la capacidad venezolana en prodigar sus petrodólares, es también factible el triunfo de la coalición de derecha apoyada por Washington, debido a que a pesar del triunfo de la revolución sandinista en ese país, el gobierno de izquierda solamente le trajo corrupción, miseria y abandono estatal de los menos favorecidos, hechos que todavía recuerdan los electores.
Con todo ello, un triunfo de Ortega, estaría condicionado por el constituyente primario, a un ostensible mejoramiento económico del estado, teniendo en cuenta que Nicaragua al igual que la mayoría de los países latinoamericanos padece de las mismas condiciones que se daban en la época de gobiernos dictatoriales y de pronto peores. Todo ello, limitaría los intentos del hipotético segundo gobierno de Ortega de alinearse abiertamente con Chávez en razón a que Nicaragua depende dramáticamente de las ayudas financieras estadounidenses.
La contienda electoral en este país se efectuará en el mes de Febrero del presente año, para las que se avizora un posible triunfo por un amplio margen del ex presidente Oscar Arias del PLN (Partido de Liberación Nacional), seguido por Ottón Solís del PAC (Partido de Acción Ciudadana), ambos de tendencia ideológica de centroderecha.
Costa Rica se ha distinguido tradicionalmente por tener estabilidad política, social y económica, haciéndolo el único de Latinoamérica que no sufrió los embates del comunismo internacional representado en los grupos terroristas que asolaron masivamente la región durante la Guerra Fría y que en casos como Colombia y Perú, continúa su nefasta influencia.
La tasa de desarrollo y crecimiento económico, continuarán su tendencia al incremento, independientes de quien salga triunfador en las elecciones próximas. No en balde, Costa Rica es el segundo socio comercial de Estados Unidos y Canadá, especialmente en cuanto a maquilas se refiere.
Las encuestas favorecen por un gran margen al actual mandatario, el presidente Álvaro Uribe Vélez, luego de que fuera aprobada la ley que permite la reelección presidencial inmediata. La polarización política y social a que las agresiones de los grupos terroristas han llevado a este país, seguramente desembocará en la reelección de Uribe, muy por encima de su más cercano rival Horacio Serpa.
La tendencia ideológica de Uribe es de centro derecha y su resolución personal y política para confrontar por todos los medios a los grupos terroristas, si bien le han traído las críticas de algunos sectores nacionales e internacionales, también le han concitado el apoyo de una gran mayoría de población y otros países, pues a pesar de algunos contratiempos, sus políticas sociales, económicas y militares, han permitido que Colombia crezca un 5.75%, un tope que el país no había alcanzado en mucho tiempo y como soporte de este crecimiento, se han dado avances y significativos en el incremento de la seguridad urbana y rural y por ende un mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos en ambos ambientes.
A pesar de las ínfulas libertarias del mandatario venezolano y su abierta ingerencia en el ambiente político colombiano, especialmente su apoyo a los partidos políticos y grupos terroristas de izquierda, no se prevé una mayor influencia en los resultados electorales, por lo que se avizora un segundo mandato del presidente Uribe en el período 2006 – 2010 y en el que seguramente continuarán la cooperación mutua contra el narcotráfico y el terrorismo con Estados Unidos, convirtiéndose este país en el mas confiable puntal de la política exterior americana.
La situación interna sin embargo, puede desmejorarse durante los meses previos a las elecciones del mes de Mayo y son bastante factibles los atentados terroristas y los denominados golpes de opinión de las FARC y ELN a fin de evitar la votación por el mandatario. Una vez superada esta etapa, dichas organizaciones armadas continuarán con su estrategia de intentar la desestabilización nacional con sus ataques contra las poblaciones, infraestructura y unidades de la Fuerza Pública que muestren vulnerabilidades, situación que irá en incremento en la medida que las Fuerzas Militares y de Policía lo permitan y al tiempo que avance el segundo período presidencial, pues a falta del logro de grandes objetivos estratégicos para los grupos terroristas – es evidente el retroceso que dichas organizaciones han experimentado en su plan estratégico debido a la implementación de la política de seguridad democrática del actual mandatario, debiendo regresar a la primera etapa de la lucha revolucionaria comunista, como es la guerra de guerrillas – intentarán por todos los medios desprestigiar a Uribe como mandatario y sus políticas de seguridad.
No es fácil que las FARC acepten en las actuales condiciones – siguiendo las exigencias que recabaron al Estado – los contactos para el intercambio humanitario, a pesar de la intervención facilitadota de los tres países europeos que iniciaron la gestión, en razón a que para la organización armada considera una humillación las derrotas estratégicas que han sufrido – a pesar de los golpes que la Fuerza Pública ha sufrido, los atentados terroristas contra la infraestructura económica nacional y las críticas de los opositores permanentes de Uribe, no se puede desconocer que su gobierno ha logrado avances significativos en materia de seguridad, por los cuales las Fuerzas Militares han logrado la pacificación de varias regiones nacionales con un denodado esfuerzo de las Fuerzas Militares, estamento que ha destruido las estructuras terroristas en Cundinamarca, Antioquia, Meta, Guaviare y Caquetá entre otras, arrinconando a las cuadrillas en las regiones selváticas y evitando con esto su agresión contra el Estado. De la misma manera, el proceso de conversaciones recientemente iniciado con el ELN, no se aprecia con mucho optimismo en un corto plazo, debido a que esta organización terrorista sigue los lineamientos ideológicos y militares de las FARC, proyectándose un fracaso de tales conversaciones utilizando – el ELN – pretextos tales como exigencias incumplibles por parte del Estado, tal cual acostumbran los grupos terroristas.
En el mes de Diciembre se celebrarán las elecciones presidenciales en las cuales se presentará nuevamente Hugo Chávez para fungir su tercer período como jefe del estado.
De acuerdo a la situación política imperante en este país, todo está organizado para que Chávez no tenga oposición alguna y pueda erigirse como presidente nuevamente, pues el objetivo del mandatario y sus asesores cercanos es prolongar su mandato por lo menos durante dos períodos más descontando el lapso 2006 – 2011. Para ello y utilizando toda clase de argucias entre las que se incluyen el uso indiscriminado de dineros públicos para comprar adeptos, persecución política y judicial de sus contradictores, atentados contra éstos últimos así como la invención de supuestos atentados en su contra, Hugo Chávez y los áulicos de su régimen, se apoderaron de las altas cortes, los mandatarios locales y regionales y el congreso, al punto en que en esta última corporación recién posesionada, no hay un solo contradictor al gobierno, es decir, logró el ideal de cualquier político sin visión: gobernar sin oposición en el Legislativo.
La situación interna venezolana es por decir lo menos crítica; los niveles de pauperización de la población alcanzan más del 58%, el descontento lógico por esta situación se ha hecho evidente en la invasión de propiedades privadas por parte de los desposeídos, lo cual permite apreciar un posible estallido social de grandes proporciones en el corto plazo, pues aquellos quienes no son amigos del régimen, son excluidos de la protección del Estado.
En el campo militar se observa un creciente descontento en el seno de las politizadas fuerzas armadas venezolanas. La disidencia interna es alarmante, de acuerdo a los comentarios que se escuchan en oficiales de todos los grados y el número de desafectos en dichas instituciones es alto, pudiéndose afirmar que la popularidad de Chávez en este estamento es de menos del 20%. Si a eso se suma el rechazo a la cubanización impuesta por el mandatario y dirigida por Fidel Castro así como las reyertas planteadas por el mandatario con sus principales socios, especialmente con Estados Unidos – país que ostenta una gran población venezolana – se puede considerar que están dadas las condiciones para un conflicto interno en Venezuela cuyas consecuencias podrían poner en riesgo la estabilidad de la región.
Es de especial rechazo en la población venezolana el derroche de divisas por parte del régimen, para inmiscuirse y manipular los regímenes políticos latinoamericanos a fin de lograr colocar una camarilla izquierdista en la región que le hagan eco a su enfrentamiento con Estados Unidos. De la misma manera, son impopulares las alianzas y compadrazgos del mandatario con regímenes que patrocinan abiertamente el terrorismo internacional y que en la actualidad se están convirtiendo en una amenaza contra la paz y estabilidad mundial por su afán de poseer armas nucleares, como es el caso de Irán y Corea del Norte.
Por todo lo anterior, la situación para Venezuela se proyecta un tanto crítica en el corto y mediano plazo tanto en el ámbito interno como externo y podría estar supeditada al desarrollo que la comunidad internacional le de al problema de Irán, pues las principales potencias mundiales ya pidieron oficialmente la intervención del Consejo de Seguridad de la ONU para solucionar de cualquier manera sin descartar la opción militar, la amenaza que representa Irán – país con gobierno islámico, dominado por los chiítas, es decir la fuente del fundamentalismo musulmán, con una fuerte influencia en Irak y las naciones musulmanas de Asia Central – para la paz mundial, pues el presidente iraní es fiel seguidor de las políticas del tristemente célebre ayatollah Khomeini, especialmente en cuanto al antisemitismo extremo y repudio hacia occidente, políticas que a falta de otras más recursivas o inteligentes, Hugo Chávez ha tomado como propias – en un discurso de este mandatario en el pasado mes de Diciembre en Venezuela, repitió prácticamente las consignas anti israelíes y anti occidentales del mandatario iraní – mostrando una enorme torpeza y falta de argumentos, así como de conocimientos de alguna profanidad en cuanto a la geopolítica sudamericana.
Durante el mes de Abril se definirá el ingreso de este país al club de los revolucionarios bolivarianos encabezado por Chávez, debido a que las encuestas recientes dan como favorito para vencer en una primera vuelta al candidato indígena y ex militar Ollanta Humala, pero las mismas dan como vencedora si se produce una segunda vuelta a Lourdes Flóres quien ostenta el segundo lugar en favoritismo electoral.
Recientemente se produjo un intercambio de recriminaciones entre el presidente Alejandro Toledo y altos funcionarios del régimen de Chávez debido a las declaraciones descalificatorias que éstos últimos profirieron sobre la candidata Lourdes Flóres. Aunque todo parece indicar que la estrella política de Humala está en franco ascenso apoyada financieramente por el gobierno venezolano, todavía no se puede asegurar un triunfo rotundo del candidato izquierdista, puesto que los regímenes de izquierda en esta nación están un poco en rebaja debido a los pésimos resultados del mandato actual y también al favoritismo que aún despierta el ex presidente Alberto Fujimori, actualmente preso en Chile y pendiente de extradición hacia el Perú.
De producirse el triunfo de Ollanta Humala, su chavización sería inocultable, así como la radicalización de las relaciones peruanas especialmente con Estados Unidos. Pero tal como se ha mencionado para los demás países latinoamericanos, Perú depende todavía de la ayuda financiera americana, orientada ésta para la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, situación que limitaría el radicalismo de un eventual gobierno de Humala. Queda pendiente porque la Corte Electoral defina una querella instaurada por el candidato por haberse inscrito como candidato presidencial por un partido político diferente al que militaba, situación que de acuerdo a las leyes de ese país lo inhabilitaría para presentarse como candidato presidencial en los próximos comicios.
Las elecciones presidenciales se llevarán a cabo en el mes de Octubre y aunque todavía no hay candidatos claramente definidos, es factible que la presidencia de la república se defina entre el candidato del gobierno – aún no escogido – y un candidato que refleje el pensamiento y coseche el respaldo popular que aún despierta el ex presidente Lucio Gutiérrez quien aunque se encuentra preso, despierta un inusitado fervor en la opinión pública, seguramente por aquello de que la cárcel crea mártires.
No obstante la situación general ecuatoriana es una incógnita que todavía no da luces de asentarse. La oposición al gobierno de Alfredo Palacio – irónicamente la misma que derrocó a Gutiérrez – comenzó a plantear serias dudas sobre la eficiencia y capacidad de este mandatario para sacar adelante al país, sumido en una profunda crisis política, económica y social, por lo que ha propuesto tanto al congreso como al constituyente primario, adelantar una constituyente que modifique la actual Constitución Nacional, adelante elecciones y permita una ingerencia mayor en los poderes del estado al electorado.
La elección reciente del líder indígena y cocalero Evo Morales no sorprendió pues era un hecho que se esperaba con bastante certeza debido a la crisis política del país, así como a los descalabros de gobiernos anteriores.
El mandatario recién elegido, a pesar de haberlo sido por un alto porcentaje de la votación – 54% - lo cual infiere una gran aceptación en la población, fue condicionado inmediatamente por sus electores a la nacionalización de la riqueza de hidrocarburos que posee esa nación, hecho de casi imposible cumplimiento pues significaría dar al traste con los contratos de explotación de varias multinacionales extranjeras – principalmente americanas – lo que colocaría a Bolivia en el brete de convertirse en blanco de sanciones económicas y políticas en el evento de cumplir con esa promesa y a la vez exigencia.
La situación económica de Bolivia es la más crítica del hemisferio occidental, los índices de pobreza, desnutrición y analfabetismo bordean el guarismo que lo aparejan con naciones africanas y a pesar de sus riquezas petrolíferas y gasíferas, éstas no tienen la envergadura suficiente para permitirle manifestarse con beligerancia y constituir otro pilar del eje anti americano ya obvio – hasta ahora Venezuela, Cuba y Bolivia, pues otros países regidos por mandatarios de izquierda no pueden cometer el mismo error debido a que sus condiciones económicas dependen en gran parte de la anuencia estadounidense – especialmente si se tiene en cuenta su condición de país productor de hoja de coca y reincidente creciente en la producción del alcaloide, de acuerdo a informes de la DEA.
Las anteriores condiciones, permiten proyectar un período crítico de inestabilidad con la posibilidad de un cambio abrupto – por golpe de estado o sencillamente por decisión de la poderosa central indígena – en este gobierno en el campo interno a pesar de todo el apoyo que Chávez y Fidel Castro le hayan prometido; y externamente la ubicación de Bolivia en la categoría de estado inviables, campo en el que ha estado a punto de caer en varias oportunidades recientemente.
A menos de un año de terminar el período del actual mandatario brasilero, Luis Inacio Lula da Silva, debido a que las elecciones presidenciales se efectuarán en el mes de Octubre del presente año, comienza a resquebrajarse la posibilidad de reelección del mandatario debido a los escándalos de corrupción en el seno tanto de su partido – PT – como en el de su propio equipo de gobierno.
Sin embargo, la imagen del mandatario aparentemente no se ha visto afectada por tales hechos, pues las encuestas todavía le otorgan un alto porcentaje de favoritismo dentro de sus gobernados – un elevado 65% - por lo que la posibilidad de su reelección es todavía bastante factible.
Lula ha mostrado que su aparente ideología – en el 2003 durante una interpelación que le hicieron varios periodistas sobre su condición de militante de izquierda, el mandatario le manifestó al oído a su ministro de Relaciones Exteriores que daría lo que fuera porque me quitaran de una vez por todas el remoquete de izquierdista – no ha sido obstáculo para mantener unas cordiales relaciones en la región, con Estados Unidos y en general con la comunidad internacional, lo que aparejado a su condición de país semiindustrializado, le ha traído grandes beneficios tanto económicos como políticos, pues Estados Unidos está estudiando seriamente la posibilidad de apoyar a Brasil como candidato a miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.
Lula ha sabido manejar con prudencia y diplomacia sus relaciones con el más recalcitrante de sus vecinos, el omnipresente régimen de Hugo Chávez de Venezuela, lo que le ha permitido disfrutar de las ventajas de recibir petróleo barato y prebendas comerciales con este país, a cambio de un tibio apoyo a las políticas extremistas de Chávez. Es decir, no está tan cerca que las consecuencias lo perjudiquen, pero tampoco tan lejos que no pueda disfrutar de los regalos del venezolano.
En la celebración de la segunda vuelta electoral, resultó elegida como presidenta de Chile la socialista Michelle Bachelett, por encima del liberal Sebastián Piñera, lo cual va configurando la composición política del Cono Sur, compuesto por mandatarios quienes a pesar de provenir de la izquierda – en algunos casos de la izquierda militante como el caso de Tabaré Vásquez de Uruguay, Kirchner de Argentina y Lula del Brasil – también se han distinguido por dar a sus gobiernos un sentido más abierto a la economía de mercado, respeto de la propiedad privada y más que ello, el impulso a la inversión extranjera, sin importar la procedencia ideológica del capital, pues el principal objetivo de los mandatarios mencionados, es propender por el bienestar de sus gobernados.
En el caso de Chile, el presidente Lagos quien milita en la izquierda moderada, muestra excelentes resultados económicos en su gestión de Estado, pues la economía del país austral termina con el gobierno del actual mandatario, en un franco ascenso, convirtiéndose en el país con mejor desempeño económico de Latinoamérica.
Los antecedentes y formación intelectual y política de la presidente electa Bachelett, permiten apreciar la continuidad de las políticas exitosas de los gobiernos que le han antecedido pues han mostrado fehacientemente lo benéfico de ellas.